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Capítulo 1: Cosas sin importancia

 Dicen que el mejor momento para aprender las matemáticas es durante las primeras horas de la mañana. Nathan lo sabía, pero eso no hacía que la clase de las ocho fuera más atractiva. Siendo un joven de 21 años que por circunstancias de la vida recién entraba a la universidad, comprendía perfectamente que tenía obligaciones que cumplir.


Por lo mismo, apareció el primer día de clases media hora antes de que la primera asignatura comenzara sesión sólo para asegurarse de que no había error alguno en el horario que llevaba anotado en una hoja que yacía guardada en la bolsa izquierda de su pantalón de mezclilla. Una vez que realizó dicha acción, se dirigió con paso tranquilo hacia el segundo piso de la escuela de ciencias exactas; cientos de jóvenes transitaban por los pasillos, y podía distinguirse a simple vista quiénes eran los recién llegados (aquellos que formaban grandes grupos nerviosos afuera de los salones), y quiénes ya habían pasado por aquellos corredores por varias temporadas (los que desganados pasaban del punto A al punto B sin pena ni gloria).

El tránsito parsimonioso del alto joven de cabello negro contrastaba fuertemente con la aglomeración de estudiantes que esperaban afuera del salón 201 el comienzo de la clase de Algebra I. Algunos escolares aguardaban sentados en el piso junto a la puerta del salón, otros conversaban ávidamente creando pequeños conjuntos en pleno pasillo, y otros más caminaban de un lado a otro, tratando de pasar el tiempo. Nathan decidió esperar junto a la baranda del segundo piso, la cual le permitía ver a la multitud que cruzaba por debajo. Uno tras otro, vio como las figuras de los chicos dibujaban trayectorias irregulares por la planta baja, sin reparar en realidad en ellas. Hasta el momento en que de entre el gentío, la breve figura de una joven de cabello rojizo captó su atención: ella sola, recargada contra el muro, vistiendo una blusa rosa y llevando a cuestas un bolso gris, observaba al igual que él el ajetreado peregrinar de las masas. El muchacho sintió que el corazón se detuvo por un diminuto instante, no mayor que el que le toma a un colibrí batir sus alas una sola ocasión, mas para él fue como si el mundo hubiera dejado de girar sobre su propio eje: imposible que alguien lo ignorara.

-Disculpa, ¿aquí va a ser la clase de álgebra?

Nathan dio un respingo en el momento en que escuchó la pregunta y se dio media vuelta para ver de quién rayos provenía. Tan abstraído había estado su pensar en la silueta perteneciente a aquella muchacha pelirroja que no percibió el momento en que un joven bajito, algo más joven que él y de forma delgada, se ubicó a su lado y quien, con ojos impacientes, anhelaba entonces su respuesta.

- Sí, es aquí. – respondió seriamente, sus ojos buscando discretamente la estampa de la muchacha y notando que, lamentablemente, la misma ya había ingresado a su salón.

- ¡Qué bien! Pensé que ya me había equivocado de aula. – replicó el chico de piel crema con alivio. – Entonces vamos a ser compañeros, ¿no? ¡Pero qué bruto! No me he presentado. Me llamo Cassidy, aunque todo mundo me dice Cass.

El pelinegro reparó en la cabellera rizada del castaño y con una pequeña mueca parecida a una sonrisa pensó que el nombre era demasiado redundante en lo obvio.

-Yo soy Nathan.- se presentó. No tenía ánimos de cruzar más palabras de las absolutamente necesarias con el insistente joven, sobre todo porque el mismo era la razón por la que no logró distinguir en qué salón había ingresado la chica que había robado su atención; aún así, como lo cortés no quita lo valiente, consideró que al menos era educado que le dijera su nombre ya que el otro había hecho lo propio.

- ¡Oh, allí viene el profe! Ya tendremos tiempo de platicar luego, ¿no? Total, nos vamos a ver todo el semestre. – sentenció Cassidy, mientras entraba junto a Nathan al aula. Este último se limitó a callar, asentir con la cabeza y aceptar el hecho de que el chico tomó el banco justo atrás del suyo. Nunca le pasó por la cabeza que ese era el primero de varios hilos que se tejerían alrededor suyo.